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25/01/2010

Metallica demolió los fantasmas de la suspensión de sus presentaciones en 2003 con un electrizante paso por Argentina, con dos shows en el porteño estadio de River Plate y uno en el Orfeo de la ciudad de Córdoba, ante unos 100 mil fans que aullaron y gritaron de emoción. Metallica es una de las máquinas más poderosas  del rock mundial, virtud que  quedó ratificada delante de un público feliz y entusiasmado, a punto tal de sonrojar al inconmovible guitarrista y cantante James Hetfield, que el jueves, día del primer recital, señaló: “Esta noche hicimos historia”.

A pesar de estar casado con una santafesina de nombre Francesca, Hetfield habla muy poco castellano y el bajista Rob Trujillo, que es descendiente de mexicanos, apenas si dice “buenas  noches”. Pero el idioma de Metallica es la música, una tormenta eléctrica que conforman las guitarras de Hetfield y de Kirk  Hammett, apoyada sobre la base demoledora de Trujillo y del baterista Lars Ulrich, el otro líder del grupo.

A lo largo de los años, Metallica refundó el heavy metal,  mezclando todos los estilos y sobresaliendo por los acordes entre sinfónicos y diabólicos que Hammett y Hetfield obtienen de sus guitarras.

Los shows comenzaron con la proyección del western spaghetti “El bueno, el malo y el feo” con Clint Eastwood y mientras la gente coreaba la canción de la película, los cuatro músicos arrancaron con la canción “Creeping Death” del disco “Ride The Lightning” (1984). La misma energía se apoderó de los fans con el segundo tema, “For Whom The Bell Tolls”.

Cuando Metallica arrancó con los acordes de “Wherever I May Roam”, del notable álbum negro de 1991, pareció un movimiento sísmico. Fue el momento de Trujillo, que tal como dijeron sus compañeros en la conferencia de prensa anterior a las presentaciones, toca con “20 dedos”.

También pasaron “Harvester Of Sorrow”, del disco “And  Justice For All” de 1988, y la polémica “Fade To Black”.

En todo momento, las canciones de Metallica se sumergen en diferentes mundos de la mano de los solos de Hammett, que puede pasar del más virulento trash a acordes clásicos y sinfónicos con igual sapiencia.

El grupo tocó “That Was Just Your Life” y “The End Of The  Line”, ambos de “Death Magnetic”, su último disco, hasta que la pesadísima “Sad But True”, del álbum negro, antecedió a la larga “One”, un clásico del grupo. Sorprendió a todos que los fans cantaran cada línea del tema como si el inglés fuera su idioma materno.

Lo mismo sucedió con los increíbles cambios que tiene esa pieza fundamental del heavy moderno que es “Master Of Puppets”, canción que confirma que en el rock duro pueden hacerse canciones con difíciles entramados rítmicos.

Cuando los músicos tocaron la veloz “Blackened”, fuegos artificiales salieron de detrás del escenario y llamaradas reales  de fuego le pusieron calor a los recitales. Luego, Hetfield quedó solo en el escenario con su guitarra entregando las primeras estrofas de “Nothing Else Matters”. El resto de la banda se subió después del estribillo. La máquina volvió a demoler cabezas cuando sonó “Enter Sandman”, del mismo álbum, cantado hasta la disfonía por la gente.

En las gigantescas pantallas se pudo ver como Hetfield al final de la canción mostraba la púa con el arte de tapa de “Death  Magnetic” mientras hacía fuck you y luego los cuernitos típicos del metal.

El primer bis fue con “Am I Evil” un cover de la banda Diamond Head que Metallica editó en 1986 como un lado B al que le siguió la antigua “Whiplash” de los comienzos del grupo.

El cierre fue con el clásico “Seek And Destroy” en la que  Hetfield dejó la guitarra y cantó casi toda la canción, mientras las luces se prendían sin poder amedrentar a la gente. Con nuevos estallidos de pirotecnia y más lenguas de fuego, Metallica agradeció la devoción y abandonó el escenario.